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Todo continuaría igual, pero no dentro de mí. Empezaron a ser resonantes gestos, personas, humildades en definitiva… Gentes que su muerte era una continuidad, su vida una donación.
Entendí el abrazo de Madre Teresa a sus pobres y la dejación de mercadería barata que representa lo cotidiano, desde el punto de vista de tener.

Seguí recorriendo otros países y se cruzaron en mi camino historias que inexplicablemente me inquietaban amorosamente.

Que casualidad que los países más pobres den tanto cobijo y riqueza de verdad. Pero es la donación generosa del que conoce la pena de no tener, el que mejor saber dar.

Todo este “cóctel molotov ” estalló en mi interior. Fue en 1992 cuando me acerco a barrios necesitados de mi ciudad, donde vuelvo a ver la mejor cara de la humildad. Conozco niños y familias que para mí ya dejan de ser una estadística y empiezan a tener ternura en su cara, sus ojos, sus manos…

Y así os presento esta colección fotográfica.